Vida en la tierra

Fertilidad de la tierra

Los cinco principios de la permacultura

Los cinco principios para la auto-fertilidad de la tierra

Los cinco principios para la auto-fertilidad de la tierra

La naturaleza realiza por si misma las mejores acciones para que la calidad de los suelos sea potenciada. Las intervenciones humanas, al contrario, hacen que los suelos se estropeen y pierdan sus cualidades fértiles.

Aprendamos a reconocer las condiciones que permiten que la vida en los suelos de la tierra puedan dar el máximo de abundancia.

Una de las grandes claves de la fertilidad de los suelos es la vida microbiana que se nutre de los seres muertos y que son transformados gracias a estas bacterias en materias asimilables que nutren a los seres vegetales. La calidad y fertilidad del suelo terrestre dependen por ello de la presencia de la materia orgánica y los micro-organismos que la transforman. La salud de los vegetales que crecen en las tierras depende de la calidad de la tierra, y nuestra salud en consecuencia.

Para mejorar la fertilidad de la tierra existen cinco principios de Permacultura que deben actuar unidos. Las tierras se regeneran gracias a ellos a lo largo de cierto tiempo. El tiempo necesario depende de muchos factores, según sea mayor o menor la degradación de dicho suelo.

Aquí presentamos los cinco principios para la fertilidad de la tierra:

Principio número 1: Mantener el suelo cubierto.

En estado natural, el suelo nunca está desnudo, excepto en zonas desérticas. Y tras accidentes como incendios, irrupción volcánica o inundaciones, del suelo vuelven a brotar las plantas. Las semillas llevadas por el viento o los animales vuelven a repoblar las tierras. Y así, la cubierta vegetal se regenera.

Fertilidad de la tierra - cobertura con paja

En este pequeño huerto hurbano, los suelos sin plantas están cubiertos de paja.

Por ello, en permacultura las tierras se mantienen cubiertas al abrigo del exceso de sol. Para ello se utilizan las pajas y restos de plantas, hojas secas, cortezas y ramas rotas, o incluso periódicos y cartones o telas de fibras naturales, restos de lana y otros similares procedentes de animales. Estas coberturas mantienen la humedad que los micro-organismos necesitan para su desarrollo.

Principio número 2: Dejar respirar el suelo, no compactarlo

El suelo necesita agua y aire. Ambos deben poder circular por los diversos estratos del suelo, por las galerías que cruzan los gusanos o lombrices, por las redes que construyen las hormigas, las arañas y otros tantos seres que habitan la tierra. La fauna genera los espacios para que el aire pase, y así el agua también pueda llegar.

Una vez cubiertos los suelos, el permacultor vigila que esta respiración del suelo si que se esté realizando correctamente. Para ello, diseña la colocación de los caminos, las construcciones y otros elementos. Y se evitará caminar (circular) sobre las zonas cultivadas, pues la presión de las pisadas va compactando el suelo.

Principio número 3: No labrar la tierra

Cada capa o estrato del suelo contiene una biodiversidad que se ha adaptado al porcentaje de oxigeno disponible. Ciertos micro-organismos, insectos y hongos del suelo en la capa superficial tienen como función transformar las capas superiores de materia orgánica. Necesitan aire y luz. Al labrar la tierra enterramos estas especies directamente bajo tierra y mueren por asfixia. Por otro lado, otros organismos que viven en capas más profundas y son capaces de hacer que los nutrientes de la tierra sean asimilables para las plantas, necesitan oscuridad y menos o ningún oxígeno. Estos organismos anaeróbicos mueren al encontrarse en pleno aire y frente al sol.

Las plantas necesitan que la fauna del suelo les aporte los nutrientes que necesitan. Sin ellos, por sí mismas no pueden extraerlos.
Las plantas solo toman de la tierra un 5% de sus necesidades, es decir, 2,5% de azote y 2,5% de los minerales. El resto de sus necesidades son agua, en un 75%, y un 20% de su biomasa se genera gracias a a energía del sol. Por lo que todo cultivo depende bien de la energía del sol, el riego y el soporte de la tierra. Sin estos tres, la planta en si misma no podrá hacer nada. Necesita la simbiosis con la micro-fauna terrestre.

Principio número 4: Diversificar y asociar los cultivos

En la naturaleza todo es diversidad, mezcla de especies y asociaciones inteligentes. Esto genera un equilibrio vegetal que a su vez genera un equilibrio de fauna.

En las tierras con monocultivos plantado en largas hileras de tierras no existe el intercambio, la colaboración entre especies. Y además, con solo un tipo de cultivo año tras años, las tierras pierden los minerales, al ser la misma especie con las mismas necesidades en todo el terreno. Las plantas empiezan a enfermar y aparecen los virus, las enfermedades y el exceso de los mismos depredadores. Un gran desequilibrio en general.

Para evitar estos excesos, en permacultura se combinan los cultivos y se permite la biodiversidad donde se favorecerán los intercambios entre las plantas. Además, se permite la aleopatía, capacidad de la planta para generar unas interacciones bioquímicas que la protegen de enfermedades y plagas. Y se genera simbiosis entre las plantas y los hongos del suelo, que ayudan a la asimilación de nutrientes en las raíces. La salud de la planta aumenta y también su producción.

Principio número 5: Dejar que los residuos orgánicos se descompongan en el tierra

Consiste en dejar los restos de las plantas allí donde están vivieron, para que vuelvan a nutrir el suelo. Sus restos son las raíces, las hojas, la paja, los troncos, e incluso las malas hierbas antes de que saquen semillas. Esto genera una biomasa que protegerá y nutrirá a los bio-organismos, y los protegerá de los cambios de temperatura. Esta materia orgánica se convertirá en humus y aumentará la fertilidad del suelo.